Por qué ser vegetariano, ¿es bueno o es malo para la salud?

En este artículo queremos poner sobre la mesa por qué ser vegetariano, y conocer si realmente es bueno es malo. Además de otros detalles que no debes perderte.

Ciertamente, ser vegetariano o vegano, sin más, no supone suficiente garantía para gozar de buena salud.

Como es lógico, sería escasamente creíble, poco documentado y muy poco útil un artículo que pregonase que vegetarianismo es igual a salud total.

No obstante, este artículo sí pretende constatar y documentar una relación entre las dietas no vegetarianas y determinado tipo de enfermedades.

Ya en el artículo sobre fitoquímicos comentamos la necesidad, cada vez mayor, de tener en cuenta determinados alimentos promotores de la salud.

En éste, hablaremos sobre la conveniencia de abandonar el consumo de carnes, ya sea de forma gradual o incluso de forma inmediata.

El vegetarianismo, ¿contra qué enfermedades?

Las evidencias científicas que demuestran que existe una relación positiva entre muchas enfermedades crónicas degenerativas y la alimentación vegetariana es cada día mayor. Las más estudiadas (aunque existen muchas más) son:

  • Hipertensión arterial
  • Obesidad
  • Enfermedades cardiacas
  • Diabetes
  • Cáncer de colon
  • La hipertensión

Esta enfermedad supone uno de los más importantes factores de riesgo, especialmente para aquellos que son propensos a padecer de enfermedades cardiacas.

Asimismo, es responsable de fallos en los riñones e incluso apoplejías en los casos más graves.

Muchos estudios, de los cuales varios bastante recientes, han demostrado que los vegetarianos mantienen presiones más bajas que los que no lo son.

Nadie conoce la razón, aunque están las hipótesis de la delgadez (que no me parece muy científica) y la de la relación sodio-potasio, que es mejor en los vegetarianos (menos sodio y más potasio).

Sacks y Armstrong observaron esta tendencia a finales de los 70.

Margetts, por su parte, a finales de los 80 descubrió que una dieta vegetariana por lo general reduce notablemente la tensión sanguínea en pacientes hipertensos.

La obesidad

Casi ni que decir tiene que, en promedio, los vegetarianos son más delgados y con un peso más cercano al de los niveles deseados. Es fácil buscar algunas de las causas: los vegetarianos llevan por lo general un estilo de vida bastante más saludable, consumen muchas menos grasas saturadas, normalmente menos calorías y por si fuera poco, su consumo de fibras bastante mayor.

La Asociación Médica Británica y Appleby, entre otros, han estudiado la relación entre el consumo de carne y la obesidad desde finales de los años 80 hasta la actualidad.

Las enfermedades cardiacas

Tanto en estudios realizados en Oxford como en otros muy recientes por Key y otros, se ha constatado que la mortalidad por enfermedades cardiacas es muy inferior en vegetarianos.

Los estudios de Oxford (Thorogood, 1994), dicen que la mortalidad en éstos es casi un 30% inferior, aunque algunos otros revelan hasta un 60% menos de mortalidad.

No sólo la ésta es inferior, sino que además la incidencia de estas enfermedades es también muy inferior en vegetarianos.

Se han realizado multitud de estudios sobre la incidencia de cardiopatías isquémicas y otros ( Martin en 1986, Burr y Butland en 1.988, Snowdon en 1.988, Ornish en 1990, Slattery en 1.991, Claude-Chang, en 1992, Martin en 1986, etc) y casi todos coinciden en el hecho de que un bajo consumo de carne se relaciona con una mejoría notable de la salud.

En la actualidad se cree que la causa de que las incidencias y mortalidad sean menores puede ser la disminución de los niveles de colesterol en sangre.

En los estudios realizados, los niveles de colesterol de los vegetarianos son un 10% menores, junto con una reducción significativa de las lipoproteínas de baja densidad (LDL). Al respecto, Martin sugirió en 1.986 que una reducción de un 10% en los niveles de colesterol supondría una menor mortalidad (aproximadamente un 30% inferior)

La diabetes

Al igual que ocurre con las enfermedades ya mencionadas, en el caso de los estudios realizados hasta el momento, una dieta vegetariana supone una presencia un 50% inferior de esta enfermedad.

Dicho de otra manera, los que comen carne presentan una incidencia un 50% superior.

La diabetes puede estar asociada con la hipercolesterinemia, por lo cual si observamos el apartado anterior, concluiremos que una dieta vegetariana protege contra esta enfermedad.

Por último, el consumo más elevado de fibra de los vegetarianos contribuye a mejorar el metabolismo de los hidratos de carbono. La menor incidencia de obesidad en quienes no comen carne también aporta su granito de arena para evitar la aparición de esta enfermedad.

El cáncer de colon

Armstrong en 1.975, Phillips en 1.980, Willet en 1.990 y Singh y Fraser, en 1.998, entre otros, determinaron que existe un vínculo muy estrecho entre el consumo de carne y el cáncer de colon. De entre estos estudios, cabe destacar el que se realizó entre 88.000 mujeres de diversas edades, y que reveló que las mujeres que consumían carne habitualmente tenían un riesgo doblemente mayor que aquellas que lo hacían una vez al mes. Este estudio era sobre carne roja en particular.

La clave, una vez más, parece encontrarse en la ingesta de grasas saturadas y la escasez de fibras para aquellos que consumen carne de forma habitual. Los vegetarianos reducen considerablemente la ingesta de las primeras y aumentan, considerablemente también, la ingesta de las fibras. En la actualidad se sigue investigando al respecto.

Desde hace algunos años, a buena parte de los alimentos ricos en fibra se le atribuyen efectos protectores. El efecto que determinadas fibras y mucílagos ejercen en problemas de colon, en muchos casos es excepcional. Aún hoy existen muchas dudas sobre esta enfermedad, aunque se sugiere que tienen mucho que ver en su formación los ácidos biliares secundarios o bien la flora bacteriana intestinal. Turjiman y Johansson, en los años 84 y 90, determinaron que los vegetarianos también corren con ventaja en este sentido, al tener niveles más bajos de ácidos biliares secundarios y una flora incapaz de transformar los mismos en agentes carcinógenos.

Otras enfermedades no menos importantes

  • Divertículos
  • Piedras en el riñón
  • Artritis reumática
  • Otros cánceres
  • Intoxicaciones alimentarias y/o por residuos
  • Osteoporosis

La artritis reumática es una de las enfermedades de las que se podría hablar largo y tendido. Durante muchos años, ha persistido el falso mito de que esta enfermedad es casi exclusiva de personas mayores. De forma indiscriminada, se pueden observar síntomas tanto en bebés como en ancianos, pasando por individuos de mediana edad.

La cura para esta enfermedad se desconoce, aunque puede tratarse de forma sintomática. Puede ser tratada mediante medicamentos, aunque es bastante útil en la mayoría de ocasiones un cambio de estilo de vida, especialmente en lo que a la alimentación se refiere.

Llegados a este punto, cabe pensar: ¿qué tiene que ver el vegetarianismo con esta enfermedad? Pues la respuesta es igualmente sencilla: prácticamente todas las recomendaciones dietéticas que se dan a estos enfermos son muy compatibles con una dieta vegetariana.

Está muy estudiado y documentado el hecho de que cambiar a una dieta vegetariana consigue buenos resultados en el tratamiento de la sintomatología de la artritis, al menos en la inmensa mayoría de casos. Si se realizan ejercicios físicos con regularidad, se adopta una dieta vegetariana y se toman en cuenta algunas otras pequeñas recomendaciones como la reducción de la ingesta de alcohol, café, etc. se consiguen mejorías muy notorias en buena cantidad de casos.

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Los divertículos afectan en menor proporción a aquellos que adoptan una dieta vegetariana (alrededor de un 20% menos)

El consumo de fibra es, nuevamente, de gran ayuda en la prevención y tratamiento de esta enfermedad. Cuanto más común es en un país la ingesta de carne y menor lo es de fibras, mayor presencia hay, según todos los indicios.

Las piedras en el riñón son relativamente frecuentes entre aquellos que consumen cantidades elevadas de proteína animal. Está ampliamente demostrado en todos los últimos estudios al respecto que un consumo elevado de proteína disminuye la absorción (y por tanto, acelera la pérdida) de calcio y oxalatos.

La purina de la carne, además, incrementa la formación de ácido úrico. Estas dos cuestiones aumentan el factor de riesgo en la formación de cálculos.

Por consiguente, los vegetarianos padecen menos frecuentemente de esta enfermedad.

La osteoporosis es una enfermedad con una alta incidencia en los países industrializados y que genera preocupación en una parte importante de la sociedad, especialmente entre las mujeres post-menopáusicas. Muchos estudios apuntan el hecho de que una dieta vegetariana presenta una menor incidencia de esta enfermedad. La razón parece ser que la dieta habitual omnívora presenta niveles muy altos de azufre, el cual acidifica la orina. Esto resulta en una pérdida de calcio, proveniente de la descalcificación ósea.

En la actualidad, a pesar de que buena parte de los estudios demuestran que un aumento del consumo de lácteos y derivados no son la solución y que el consumo de altos niveles de proteína animal limitan la absorción del calcio, muchos médicos siguen recomendando una y otra vez lo que no sirve en la mayoría de los casos: más ingesta de calcio, en lugar de tratar de atajar las causas que originan la pérdida del mismo. Los lácteos, especialmente con calcio añadido, se han converdido en la falsa panacea para los enfermos de osteoporosis, quienes podrían beneficiarse ampliamente reduciendo el consumo de proteína animal. A pesar de que en los países más desarrollados día a día aumenta el consumo de lácteos (por desgracia, en mi humilde opinión), en estos países es donde la incidencia de esta enfermedad es más acusada.

Intoxicaciones, otros cánceres, gota… etc., de una forma u otra también son enfermedades con una incidencia menor en vegetarianos. Baste poner como ejemplo que se suelen relacionar muchos cánceres con la dieta (entre un 30% y un 70% de los casos) Los cáncer de próstata, colon y garganta mantienen una estrecha relación con el consumo de carne (estudios de Mills y Rao, 1.989, 90 y 91). Los cánceres de pulmón, pancreas, esófago y algunos otros se pueden prevenir bastante eficazmente con un consumo elevado de frutas y verduras.

La gota es también menos común entre personas que llevan una dieta vegetariana. Actualmente, a estos enfermos se les recomienda una ingesta moderada de proteína de origen animal.

La mayor parte (prácticamente la totalidad) de los alimentos que producen intoxicaciones proceden de la carne, productos avícolas y sus derivados como huevos y productos lácteos. La incidencia de intoxicaciones es, día a día, mayor. En alimentos como la carne, el pescado y los huevos pueden encontrarse en muchas ocasiones elevadísimas concentraciones de pesticidas y dioxinas. Por tanto, la adopción de una dieta vegetariana reduce en buena medida la incidencia de intoxicaciones. Debe tenerse en cuenta que a través del consumo de carnes, consumimos de forma indirecta residuos de antibióticos, toxinas, etc. Durante la gestación, por tanto, es especialmente importante tener en cuenta nuestra dieta.

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